Estrés

EL ESTRÉS Y SUS EFECTOS EN NUESTRA SALUD

EL ESTRÉS Y SUS EFECTOS EN NUESTRA SALUD

El estrés es una sensación que creamos al reaccionar a ciertos eventos. Es la manera en la que el cuerpo se enfrenta a un reto y se prepara para actuar ante una situación difícil con enfoque, fortaleza, vigor y agudeza mental.

Los eventos que provocan el estrés cubren una variedad de situaciones – desde verse en peligro físico hasta hacer una presentación en clase o tomar un semestre con la asignatura más difícil.

El cuerpo humano responde a estas situaciones activando el sistema nervioso y ciertas hormonas. El hipotálamo envía señales a las glándulas adrenales para que produzcan más adrenalina y cortisol y envíen estas hormonas al torrente circulatorio. Estas hormonas aumentan la frecuencia cardíaca, la frecuencia respiratoria, la presión arterial y el metabolismo. Los vasos sanguíneos se ensanchan para permitir una mayor circulación sanguínea hacia los músculos, poniéndolos en alerta. Las pupilas se dilatan para mejorar la visión. El hígado libera parte de la glucosa almacenada para aumentar la energía del cuerpo. Y el cuerpo produce sudor para refrescarse. Todos estos cambios físicos preparan a la persona para reaccionar rápidamente y eficazmente cuando siente tensión emocional.

Esta reacción se conoce como respuesta al estrés. Cuando funciona como es debido, esta reacción es la mejor forma para que la persona funcione bajo presión.

Pero la respuesta al estrés también puede causar problemas cuando es extrema.

Existen varios tipos de estrés: 

Estrés normal: las reacciones fisiológicas que se dan en nuestro organismo ante determinadas situaciones y que se definen como estrés en realidad son normales, en cierta medida. Un poco de estrés y ansiedad nos puede ayudar a afrontar y superar algunas situaciones difíciles.

Estrés patológico: cuando el estrés se presenta de modo intenso por periodos prolongados, es muy probable que cause problemas físicos y psicológicos, transformándose en un estrés crónico y nocivo que puede provocar crisis de llanto, depresión, y diversas afecciones físicas.

Estrés post-traumático: es aquel que se presenta después de que una persona ha vivido algún tipo de suceso aterrador, como puede ser un accidente de tráfico o un desastre natural. A consecuencia de estos traumas, la persona tiene pensamientos aterradores con frecuencia, relacionados con la situación que vivió. Este tipo de estrés puede aparecer en personas de todas las edades, pero los niños son particularmente propensos a sufrirlo.

Estrés laboral: ​se le llama estrés laboral a un conjunto de reacciones nocivas, emocionales y físicas, que se producen cuando las exigencias en el ámbito laboral superan los recursos, las capacidades y/o las necesidades del trabajador. Según un estudio llevado a cabo por la OMS, el 28% de los trabajadores europeos sufre estrés laboral, y el 20% padece el síndrome llamado “burnout”.

El estrés puede causar muchos síntomas, tanto físicos, como psicológicos y emocionales. Muchas veces los afectados no relacionan los signos con el propio estrés, los más frecuentes son:

  • Dolor de cabeza: es el tipo más frecuente, todo el mundo ha tenido dolor de cabeza alguna vez. El más común es el dolor de cabeza tensional (provocado por la tensión muscular que ejercemos sobre la cabeza, la mandíbula y el cuello entre otros), generado por el estrés o la ​ansiedad de forma habitual.
  • Mala memoria.
  • Diarrea (exceso de heces acuosas y blandas) o estreñimiento o dificultad para eliminar heces.
  • Falta de energía o de concentración: la gente se centra tanto en un tema, que le cuesta prestar atención al resto de cosas, perdiendo de ese modo parte de la concentración.
  • Cambios de la conducta.
  • Problemas de salud mental: ​como ansiedad o depresión.
  • Problemas cardiovasculares y musculoesqueléticas: cuando el estrés se prolonga mucho tiempo.
  • Cambios en el peso: generado por los malos hábitos alimentarios vinculados con el estrés. Los cambios de apetito suelen ir acompañados habitualmente de un estilo de vida sedentario.
  • Problemas estomacales.
  • Cansancio constante y prolongado.
  • Problemas a nivel sexual: ​el cansancio generado por el estrés puede prolongarse provocando problemas en muchos ámbitos de la vida, incluido el sexo.
  • Rigidez en la mandíbula y el cuello: que puede ocasionar dolores de cabeza.
  • Insomnio o exceso de sueño: la dificultad para conciliar el sueño es una causa frecuente de estrés, afectando tanto a la cantidad como a la calidad del sueño.
  • Desgaste a nivel celular y envejecimiento: con el descanso se puede recuperar y hacer reversible el proceso de desgaste por estrés. Si alguien no duerme de forma continuada evitará en un estado de hiperactividad continuado y se le acumularán los sucesos estresantes. En estos casos, la persona afectada puede llegar a tener problemas de salud, tanto físicos y como mentales.

Nos parece que la presión a la que estamos sometidos es inevitable, pero no es del todo así. Podemos elegir cómo vivirla y actuar para minimizar sus efectos.

1.  DISPONER DE UNA RED DE APOYO

Para nuestro bienestar es imprescindible que dispongamos de relaciones positivas y de calidad. Cuidar las relaciones con la pareja, las amistades, la familia y los compañeros de trabajo debería ser prioritario en nuestro horizonte de objetivos.

Fortalecer unos vínculos afectivos sanos basados en la confianzay el respeto mutuos, dándonos el tiempo necesario para profundizar en estos, nos ayudará a vivir con plenitud.

2.  PEDIR AYUDA CUANDO SEA NECESARIO

Es un signo de fortaleza. Admitir que somos seres sociales y afectivamente dependientes no menoscaba nuestra integridad; al contrario, disponer siempre de alguien en quien se pueda confiar y hablar abiertamente de aquello que nos preocupa fortalece nuestro yo ante la adversidad.

3.  EVITAR LAS RELACIONES TÓXICAS

Deberíamos aprender a detectar y esquivar a aquellas personas tóxicas que terminan por desgastarnos, tanto las que nos arrastran con su actitud negativa ante la vida como las que absorben nuestra energía debido a su pasividad y victimismo.

4.  ORGANIZARSE EL DÍA A DÍA

Planificar las actividades cotidianas ayuda a reforzar un locus de control interno, la percepción de que uno mismo controla su vida y de que los eventos ocurren principalmente como efecto de las propias acciones.

5.  PRIORIZAR

Aprender a desgranar lo importante de lo superfluo nos devuelve la hoja de ruta de quiénes somos y qué deseamos. Dejar de lado las cosas insignificantes supone dar espacio a lo genuino de nuestro ser.

6.  FOCALIZAR

Los pensamientos rumiativos o circulares no son operativos ygeneran mucha confusión mental. Practicar la atención consciente en una sola tarea ensancha nuestro mundo interior.

7.  DESCANSAR BIEN

Una de las consecuencias recurrentes del estrés son los problemas del sueño: cuidar su higiene, manteniendo rituales relajantes antes de dormir (música suave, baños aromáticos…) y estableciendo un descanso mínimo de ocho horas diarias, nos ayudará.

1.  SEGUIR UNA DIETA EQUILIBRADA

Deberíamos intentar mantener una alimentación sana, dedicar el tiempo que sea necesario a disfrutar de la comida en un entorno distendido, y evitar estimulantes como el tabaco y el café.

2.  REALIZAR ACTIVIDAD FÍSICA

Las endorfinas que generamos al practicar deporte son un buen antídoto contra el estrés: cualquier actividad física que nos haga disfrutar mejorará nuestra resistencia a las preocupaciones.

3.     PRACTICAR EJERCICIOS DE RELAJACIÓN

Aprender a ejercer un control voluntario sobre la respiración para poder utilizarla como calmante nos ayudará en una situación de estrés y nos devolverá de nuevo a nuestro centro.

Related Posts

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *